lunes, 11 de septiembre de 2017

IT (2017)

No suelo ser de los que escriben reseñas de las películas que acaban de ver. Me gusta más dejar que mi opinión sobre ellas  repose y sedimente. Muchas veces salgo del cine (o me levando del sofá) con una sensación de estar aún demasiado alterado acerca de lo que he visto. A veces para mejor, otras para peor.


Pero IT tenía que ser diferente, de alguna manera. Mi historia con el payaso bailarín no es diferente a la de muchas otras personas supongo, se inició viendo un anuncio en una de las "nuevas" cadenas privadas, creo que Tele5, de una película de terror protagonizada por un payaso. Tanto mi hermana como yo caímos presa de la trampa y preparé incluso una cinta VHS para grabar la película. Cinta que, por cierto, aun conservo. Resultó no ser una película, sino un telefilm de dos episodios, así que me quedé con la historia a medias, y qué historia. Y en aquella época sin internet, sin guías de TV, fui probando cada día a la misma hora durante una semana a ver si salía lo que venía después de aquel fatídico "Continuará...". Una semana después, el mismo día a la misma hora... nada. Al final fue al cabo de dos semanas. Costó, pero lo pillé. Y menuda historia, aun hoy en día ese modesto telefilm está entre mis historias de terror favoritas. 

Poco después, en plena fiebre obsesiva me lancé a por el libro. Ya conocía al bueno de King de unos cuantos libros anteriores, pero no me imaginaba lo que me iba a encontrar. La novela es simplemente perfecta, es la gran obra maestra del maestro del terror, el sumum de todo lo que ha hecho. A posteriori vendrán otras grandes obras como El Misterio de Salem's Lot, excelentes, pero sin llegar a la perfección. Cada pequeño detalle formaba parte de un encaje de bolillos inmenso, desde el ambiente malsano de ese pueblo extraño que es Derry, la metáfora del payaso como representación subliminal de los abusos a menores, los acosos escolares, los malos tratos. Poder conocer a cada familia del pueblo, su pasado, sus temores, como prosperaron, como están conectadas con otras familias, hasta que simplemente te das cuenta que todo Derry está unido, que quieran o no, todos ya forman parte de Eso.

Ese va a ser el pequeño gran problema que le podemos achacar a esta nueva versión. La película está muy bien hecha, la atmósfera general es terrorífica, el pueblo está muy bien representado, las interpretaciones de los chavales están francamente bien. Es una muy buena película, pero si se compara con el libro, apenas es un breve esbozo de toda la gran inmensidad de argumento. Como no todo el mundo habrá leído la novela, habrá quien la disfrute en el cine. Quien llegue después del telefilm, encontrará una muy buena revisión del mismo. Pero que poco más tiene que ofrecer aparte del lavado de cara estético y darle una vuelta de tuerca más infernal al payaso asesino, menos hablador y más visceral.


¿Tal vez estoy siendo demasiado crítico con una buena película? ¿O me equivoco al clasificarla así? Bueno, dos de mis webs de referencia en temas de cine le dan francamente buena nota: IMDb un 8'2/10 y Rotten Tomatoes 8'6 crítica y 8'9 público. Teniendo en cuenta que le ponen un 8'0 y 8'6/8'7 a El Exorcista, digamos que la están poniendo por las nubes. Entonces, como película (sin volver a referenciarla al libro) ¿dónde está lo que chirría?

Para empezar ha llegado tarde. El formato natural para la historia hubiese sido una serie de TV de alto presupuesto, Netflix o HBO. Sin embargo, ya había una serie (telefilm, en este caso) por lo que tenía que ser una adaptación a lo grande. Concretamente en la pantalla grande. Y cuando por mucho presupuesto y promoción que le eches, tampoco te alejas tanto del telefilm de presupuesto justito... te sacan los colores. Para colmo, el gran golpe de efecto de ambientarla en los ochenta (en vez de los sesenta) y aprovechar el tirón de la nostalgia también ha llegado tarde, y series como Stranger Things se le han comido el terreno sin vergüenza.

Además, dividir la historia en dos partes (este primer "capítulo" en el pasado, cuando el próximo, aun por rodar, se centrará con los protagonistas de adultos, 27 años después) puede parecer un ejercicio de concreción, pero se pierde el recurso del flashback, avanzar y retroceder conforme los personajes recuerden ciertos momentos de su infancia. Aquí el modesto telefilm le da sopas con onda a la película. Puede que haya quien considere que no se puede comparar, al ser formatos diferentes de narración, pero lo cierto es que sin este recurso narrativo se pierde perspectiva y profundidad en la historia, que supongo que se notará más en la secuela.


Por último, tenemos a un Pennywise lastrado. Tan importante era diferenciarse todo lo posible del payaso asesino que interpretó Tim Curry que han cambiado todo lo que han podido su caracterización. Nada de traje clásico, un polvoriento y sórdido disfraz de Pierrot nos va al pelo. Y hablando del pelo, nada de naranja y chillón, y con formas retorcidas. Es un poco extraño que una criatura sobrenatural cuya presa preferida son los niños, en vez de vestirse de una manera que les atraiga, se vista con el uniforme oficial de criatura del inframundo. Por último, el cambio de "carácter" de la criatura no de facilita el trabajo a Bill Skarsgard. A pesar de sus esfuerzos, apenas puede lucirse como actor en la famosa escena inicial de la alcantarilla, prácticamente todas sus líneas de diálogo están ahí. A partir de ese momento, miradas fulminantes a través de las cejas, alguna amenaza, y poco más que decir. Para colmo, los efectos especiales que le añaden, aunque efectivos en su intención, se ven por momentos sobreimpresos, como efectos pensador para un 3D. Efectos que no necesitó Tim Curry, todo un actorazo, para ponernos los pelos como escarpias y de los que, sin tampoco abusar, sí que parecen ser parte imprescindible de la criatura.

Si esta imagen te inquieta... vas bien. El director quiso alterar por ordenador
el rostro para que un ojo mirase a la víctima y el otro a la cámara. BIll Skarsgard
simplemente dijo que no hacia falta, que él sabia hacer eso. Flipa.
Un error de novato del director. Vamos, supongo que no lo habrá hecho como homenaje ni nada, pero ese golpe de sonido brusco con los sustos de rigor... es de película del montón. No hacía falta.

Todo detalles menores. Estamos hablando de una muy buena película que podría haber llegado a los altares del terror de la década salvando ciertas cosillas, pero que dentro de lo que cabe, supongo que podemos darnos por satisfechos. Veremos como nos presentan la secuela, pero de momento comenzamos bastante bien. Muy bien de hecho. 

Por último, sin que sea nada grave, que manía con literalizar las cosas. El todos flotan viene de la conversación inicial, un cruel chascarrillo del payaso, respecto a los globos y los cadáveres. Desde el Ojo de Sauron de El Señor de los Anillos que no me encontraba una de este calibre. ¿Qué tienen de malo las metáforas?

Como extra, las curiosidades: Pennywise aparece en ciclos de 27 años en el pueblo de Derry. La película se ha estrenado 27 años después del telefilm. Bill Skarsgard tiene, en el año del estreno de la película, 27 años. El actor que daba vida a Bill Denbrough (el tartamudo) en el telefilm original, Jonathan Brandis, se suicidó con 27 años. ¿Qué, como se os queda el cuerpo?

Le pongo de calificación... un 8'5. Al telefilm original, un 8. Sólo medio punto, 27 años después y con tanto presupuesto... no hemos hecho los deberes amiguetes...

lunes, 4 de septiembre de 2017

Mini-vacaciones jugonas

Bueno, puede que no tanto. En realidad no fueron vacaciones sino el famoso puente del 14 de agosto y tampoco fueron muy jugonas, a pesar de que me llevé varios juegos de carta en la maleta, por si aparecía la oportunidad. Y no apareció.

Nos escapamos al Valle de Boí, un lugar precioso lleno de pueblecitos de montaña muy majos y con un espectacular parque nacional, el de Aigüestortes, perfecto para perderse por la naturaleza. Pero claro, nosotros íbamos con toda la tropa, así que los cansamos y vieron cosas nuevas, pero no fueron demasiado relajantes que digamos.

De National Geographic. ¿Una maravilla, o no?

Pero cuando uno tiene ganas de jugar y de hacer cosas, no se van de la cabeza. No podía parar de mirarme las rocas del parque, fijándome como las raíces pasaban por el lado o incluso por encima, por si podía llegar a reproducirlo en escenografía para los juegos de guerra. O incluso cuando visitábamos las iglesias románicas del valle, entre que iba cazando a un niño y buscando a otro (antes de que hicieran algo excesivamente sacrílego) no podía parar de mirarme la distribución de vigas de madera de los techos o las baldosas de piedra en el suelo, para un futuro Mordheim (si, lo se, lo se, tengo el post pendiente, se me está alargando mucho).

Pero el súmum fue el primer día. Fue el destino, no puede decirse de otra manera. Paramos en un pueblecito sobre mediodía, a tomar algo, ir al baño y que los chicos se desperezaran un rato. Y al volver al coche, me llama un chico desde detrás mio: camiseta de Helloween, pelo largo, podría haber sido solo un heviata, pero gafas y tatuaje de cráneos tiránidos... un frikazo de los míos. Él y su novia se habían quedado sin batería en el coche, nada más comenzar la salida del puente. Pararon a comer y al volver, estaba muerto.

Tiránidos, la única raza del universo Warhammer 40.000
que no son unos hijos de puta. Sólo tienen hambre...

Así que nada, saqué mis superpinzas del maletero (el día que tenga coche nuevo, con más parte eléctrónica que un transformer tengo que acordarme de no hacer esto...) y me puse a su lado. En seguida el coche arrancó ("¡Está vivoooo!") y después de los consejos pertinentes para que no vuelva a pasarles y les amargase el puente nos despedimos al momento. La pareja super agradecidos. Me hubiera gustado decirle que yo era más de necrones y de Insomnium y echar unas risas... pero estábamos a pié de carretera, con mi coche en doble fila, camiones pasando y niños nerviosos.

Así que si lees esto, algun dia tenemos pendiente una partida a algo. Y si no, queda como una curiosa anécdota. Siempre hay un friki cerca, jejeje.


domingo, 20 de agosto de 2017

¡No disparen! ¡Es de los nuestros! - Peter Cushing

Hoy estreno una sección, una especial que tenía ganas de meter en el blog, de una manera o de otra. Perdonad la chorrada del título, quería meter de alguna manera graciosa esa expresión tan manida por las redes como "Es de los nuestros" refiriéndose a un famoso que abiertamente declara (o declaró) ser aficionado a algo de lo que hoy en día le llamarían una afición friki o nerd, en función del país. Y mira, me ha salido el lado western. La verdad es que a mi esa expresión me suena a complejo de inferioridad, como si pudiéramos salir del hoyo en el que estábamos escondidos gracias a que alguien ha podido llegar a ser famoso a pesar de sus aficiones... pero como decía, ya está tan usada que lo único que puedo hacer es agitarla con algo de gracia y pasar de tonterias.

Aunque no soy especialmente mitómano en estas cosas, lo de hoy es un homenaje a un actor al que le tengo un particular aprecio, el británico Peter Cushing, más conocido en la ficción como el Dr. Frankenstein, Sherlock Holmes, el Dr. Who, el Dr. Van Helsing o Grand Moff Tarkin, entre otros. No está nada mal como curriculum, ¿eh? Eso sin contar una gran cantidad de papeles para la Hammer.


Peter Cushing nació en Londres el 23 de mayo de 1913. Desde su más tierna infancia se sintió atraído por la actuación, debido a su tía favorita, una conocida actriz de la época. Su primer trabajo fue de ayudante de agrimensor (lo que hoy seria un topógrafo, pero en versión manual) como su padre. Mientras comenzó a actuar en el teatro amateur, hasta que se mudó de nuevo a Londres, con una beca para la escuela municipal de música y drama. En 1939 viajó a Hollywood para rodar El hombre de la máscara de hierro, que sería la primera de muchas películas tanto en América como en el Reino Unido, sólo interrumpidas por la segunda guerra mundial, en la que estuvo sirviendo en la Asociación de Servicios Militares de Entretenimiento.

De vuelta de la guerra, comenzó a hacerse una cara conocida en la televisión británica, apareciendo en multitud de películas. Hasta que a finales de 1950 comenzó su legendaria asociación con la Hammer Productions, una compañía cinematográfica inglesa que se especializó en películas de terror gótico, especialmente en nuevas versiones de los clásicos de la década de 1930. Su presencia en estas películas fue tan constante que incluso cuando la compañía dejó la hacerlas, Cushing continuó aceptando papeles similares que se le ofrecían. 

Igualmente, en la década de los 80, participó en 16 episodios para TV de la serie Sherlock Holmes, repitiendo en la película Sherlock Holmes y las máscaras de la muerte. Su participación el las películas del Dr. Who (con poco que ver con la serie de TV) a dia de hoy se estudian como una anécdota, a pesar de que el fracaso en taquilla de la segunda canceló los planes para la tercera. Ni siquiera se mencionan en su biografía.

Otro bombazo llegó en 1976, cuando a pesar de que se le consideró para el papel de Obi Wan Kenobi, acabó siendo el Almirante Grand Moff Tarkin en Star Wars: Una nueva esperanza. Su papel en la saga (saltándose el pastiche que hicieron en Rogue One, del que hablaremos otro día) es fascinante y siempre me ha extrañado que nunca exploraran más esa relación de amistad que el frío y calculador Tarkin mantiene con Lord Vader. Le habla de tu a tú, a un temible gigante cyborg, remedo de Nazgûl de space opera, al que incluso se permite darle órdenes sin que ello tenga consecuencias para su persona. Posteriormente, veremos como Vader no responde ante nadie excepto al emperador, y es alguien con quien no tiene amistad, sino forzada obediencia. Es fascinante la extraña relación que ambos personajes mantenían, de la que luego parecen haberse olvidado los guionistas.


Cushing declaró que le costó hacer su papel de ruin y manipulador con una persona tan dulce como era Carrie Fischer. Y como anécdota adicional, ¿os habeis fijado que nunca se ve a su personaje de rodillas hacia abajo? Por lo visto las botas militares que tenía que usar le resultaban tan incómodas que al final acabó rodando sus escenas (con el permiso de Lucas) en zapatillas.

Y explicada ya su vida y milagros... ¿A santo de qué el artículo? No sólo por ser un actorazo como la copa de un pino. Además Peter Cushing era un gran aficionado al miniaturismo. Y no son rumores, está más que documentado. De hecho, mirad, mirad...



Así es, amigos. Tenía una gran afición no sólo por los juegos de guerra (en el video hablan de Little Wars, un juego creado por H.G. Wells, el cineasta... con un subtítulo bien machista, incluso para la época; "un juego para niños de 12 a 150 años y para esa clase de niñas inteligentes a las que les gustan los juegos de niños"... tela marinera...) sino especialmente por el miniaturismo, afición que conservó desde su infancia.

Cushing, que siempre estuvo muy unido a su esposa Helen, no dudó en cambiar su residencia de Londres cuando los problemas respiratorios de ella se agravaron, decidieron abandonar la ciudad (Helen dijo que Londres olía a "humo y comida ráncia") y mudarse cerca del aire fresco de la costa de Whitstable, donde habían pasado alguna temporada en casa de unos amigos, para que ella pudiera mejorar su salud. Al parecer, con el cambio de domicilio fue imposible encontrar sitio para la basta colección de miniaturas que Cushing guardaba en su "habitación de juegos" (Playroom) de la tercera planta de su domicilio londinense y tuvo que vender la mayor parte en una casa de subastas en 1969.

La muerte de Helen por enfisema en 1971 fue un golpe durísimo del que no pudo recuperarse completamente. Tanto fue así que incluso tuvieron que reescribir algunos papeles, debido a su demacrado estado, pasando de tener que ser el padre de la protagonista a finalmente ser su abuelo, por ejemplo. Las primeras navidades sin su mujer, un buena amigo y eterno compañero de rodajes se encargó de tenerlo siempre cerca para que no le faltase compañía en fechas tan señaladas. El amigo era otro gigante de la actuación, el gran Christopher Lee, del también pronto hablaré en esta sección.

Dos actorazos que se encontraron repetidas veces en los films
de la Hammer.
Peter Cushing murió el 11 de agosto de 1994 a la edad de 81 años en Canterbury, Inglaterra. Por suerte, su prolífica carrera de actor nos ha dejado muchos pedazos de su talento en una extensa filmografía.

Sirva este post como pequeño homenaje. El gran homenaje espero poder hacerselo el día que mis hijos sean lo suficiente mayores como para sentarme con ellos a ver alguna de sus películas y descubran que antes de los efectos especiales millonarios había un gran cine fantástico. Fantástico en todos los sentidos.

martes, 1 de agosto de 2017

Estoy jugando a: Sim City Buid-it (Android)

Los videojuegos en el móvil hace tiempo que dejaron de ser juegos simplones como el Snake de los Nokia, el equivalente a lo que en su momento fue el Pong en los primeros ordenadores personales, o el siempre socorrido buscaminas en el Windows. Poco a poco, conforme los terminales se han ido haciendo más potentes los videojuegos de Android han crecido en características de forma exponencial. Ahora, muchos no tienen nada que envidiar a videojuegos que hace no mucho jugábamos en el ordenador.

Lo que parece lastrar un poco estos videojuegos es la manía que tienen las casas a ponerlos de pago, sin que se note. No tengo nada en contra de los videojuegos de pago, durante mi vida me he comprado unos cuando, algunos incluso cuando ya me los sabía de memoria de cabo a rabo, pero es que lo que me molesta es que los publiciten como gratuitos, pero que luego siempre falte algo. Por ejemplo, típico juego de fantasía medieval que al acabar toda la primera fase, si tienes suerte te cae un medallón, pero que para acceder al siguiente nivel necesitas cien medallones. Anda. Y eso sin contar que la primera vez que te acabas el nivel has gastado la mitad de tus escasas pociones de vida. A eso me refiero, ocultan que quieren que pagues. Ni siquiera es una demo, es un juego con trampa. Y por ahí no paso.


Por eso, es por lo que me encanta encontrarme con alguna sorpresa de vez en cuando como el Sim City Buid-it, de Electronic Arts, un perro viejo en el mundo de los videojuegos, que parece que ha tenido a alguien con sentido común (y porqué no decirlo, visión de negocio) para hacer un videjuego gratuito donde puedes tenerlo todo sin necesidad de pagar. Por lo menos a los que el juego en sí nos da igual, no es más que un entretenimiento para los ratos muertos, como podría ser otro cualquiera. En cambio, si resulta que te aficionas mucho o por lo que sea es el juego de tu vida, puedes pagar y irás más rápido y tendrás una ciudad más bonita. Y esto me parece genial, un juego para dos tipos de jugadores. Todos contentos.

A lo que íbamos, el juego. De hecho, es una adaptación a Android (como muchas otras) de un videojuego clásico de PC, adaptando los mandos a una pantalla táctil. Hace muchos años con este juego me lo pasaba pipa en mi viejo 386, construyendo ciudades para comenzar a desencadenar catástrofes cuando luego me empezaba a cansar. Y recuerdo que como era en inglés, me ayudaba a ganar léxico específico, que luego en los exámenes del instituto iba pero que muy bien.


Esta nueva versión está en 3D real y bastante simplificado (por ejemplo, no hay que construir la canalización de aguas, desagües o lineas eléctricas, se montan solas; o no hay que sufrir mucho por la popularidad, etc.) pero mantiene la jugabilidad del juego original. Eso sí, cambiando el presupuesto puro y duro por diferentes tipos de materiales que usarás para construir. Comienzas con los típicos, madera, metal, etc. y acabaremos usando enanos de jardín, batidos de frutas, cortacespedes y trajes-corbata. Si, suena raro mejorar un edificio con una hamburguesa, dos gatitos chinos de los que mueven la pata y un reloj de pulsera, pero mira, supongo que serán cosas de la aleatoriedad. También se hace raro poder mover un edificio recién construido de una parte a otra de la ciudad, pero ya os he dicho que simplificado, ¿no? Pues eso.


A partir de ahí, pues ir construyendo edificios, sin olvidar que no pueden estar muy lejos de un centro sanitario o sus inquilinos están molestos y pagarán menos impuestos (y se lo permiten ¿no? esto si que estaría bien en la realidad...) y al final acabarán por irse. Lo mismo con la cobertura de los bombero para evitar que los incendios arrasen los edificios. O la policía. También tienes que proporcionar servicios como la electricidad o el agua, proporcional a la población que tengas, así como equipamientos de ocio, escuelas, zonas de playa y montaña, el puerto, aeropuerto, etc. Cuanto mejor lo hagas, más población, que pagará más impuestos. Igual que siempre está la opción de llevar la ciudad a un entorno parisino, londinense o japonés y también hay desastres que puedes provocar, esta vez, mediante un científico loco. Y como novedades, el club de alcaldes, las competiciones y los logros. Completísimo.


Pero lo mejor de este juego es, como ya he dicho,  que puede hacerse todo incluso si no quieres pagar por el juego. Eso no significa que EA no gane dinero, una cosa es que seas majo y otra que seas tonto. Hay un diálogo de publicidad, que de otorga un objeto al azar entre tres (cuando dos sabes cuáles son y el tercero es sorpresa) a cambio de ver un pequeño anuncio de unos 30 segundos. Y lo puedas hacer tantas veces como quieras, con lo que puedes conseguir de todo. Además, hay una subasta (con máximo moderado, nada de putadas como la antigua subasta de Diablo III) con lo que va saliendo lo que otros jugadores ponen a la venta. Y claro, está el método tradicional. Si necesitas un batido de frutas vas a la tienda en cuestión y aportas una sandía y una unidad de vegetales. Para la sandia hace falta un árbol joven (una pala y semillas) y semillas (en la fábrica). Y la pala, pues metal y madera, ambos en las fábricas (de donde se sacan los objetos básicos), y se construye en la ferretería. De ahí la popularidad de la subasta. Por cierto, construir un objeto tarda un tiempo determinado, que va en función del nivel del objeto. Pero puedes comprar aceleradores, en su tienda trinco-trinco, o que te salgan del anuncio. O del cofre sorpresa que te dan al conectarte a diario. Todo se consigue, de una forma o de otra. Otros objetos, por ejemplo los que se usan para ampliar el terreno salen de pulsar en los diálogos (bocadillos, como en los tebeos) que salen de los edificios. Una manera curiosa de representar que el alcalde puede ampliar su ciudad por "escuchar" a sus votantes.



En resumidas cuentas, si te gustaba el juego original de PC, tienes sitio en el móvil y de vez en cuando tienes un rato muerto en una sala de espera, esperando a tu pareja o donde sea, pues es muy buena opción. 10 minutos al día dan para mucho y es divertido a la par que (más o menos, siendo generoso) realista de lo que podría ser planificar una ciudad. Recomendado. (Eh, y si no como todos los de Android, cuando te cansas fuera y a probar otro...)


domingo, 23 de julio de 2017

The Jaeger Uprising... entre otros

Especialmente dedicado al mayor fan que conozco de Pacific Rim, el ilustre Sr. Yacon, ahí va esto:



Una previa de la nueva película. Que la disfrutes/n.

(Dicho sea de paso, a mi particularmente me pareció que desperdiciaban muy buen material con un tono demasiado ligero en algunos puntos y sobretodo con unos personajes-clichés como los científicos, que lastraban una más que digna película de Mechas, que no es decir poco)

Mechas, para el que no lo sepa, son los robots gigantes de forma humanoide que están pilotados, género muy propio del anime y la ciencia ficción. Ala, tenéis un poco más de cultura (aunque sea una chorrada pop, pero cultura al fin y al cabo).

EDITO: Y ya que me pongo, añado otra presentación de la San Diego Comic Con (la Meca del frikerio), un plato fuerte, pero de los gordos. ¿Disfrutasteis como gorrinos viendo Stranger Things? Pues ahí va eso...


Y como dice mi Sra. madre, a por uno voy, dos vengáis y si venís tres no os caigáis, añado el postre, mi perita en dulce. Porque Pacific Rim era entretenida y épica y Stranger Things era una buena historia genialmente llevada y vestida de los añorados (a ratos) años 80, pero señores, esto es pecata minuta. Todos en pié, llegan... los vikingos.


Creo que no me dejo nada excepcional. Aparte del hecho de que coy a tener que ir algún año a ver esa convención. Tiene que ser la bomba.

sábado, 15 de julio de 2017

¡A jugar!

Me encantan los juegos de mesa. Mucho. Creo que se han convertido en mi afición favorita, sin duda. Tengo muy poco tiempo para jugar y reconozco que siento una envidia siempre sana cuando leo un blog en el que gente sin responsabilidades familiares pasan días y días jugando sin parar a mil y un juegos. Yo comencé a ser así hace unos años, pero lo cambié por mis hijos. Y no me arrepiento ni lo más mínimo. Sobretodo cuando al cabo de los años ya puedes comenzar a jugar con ellos. Menudas risas, son la repera. Bueno, y yo que soy el que les ha traído hacia aquí también, para qué negarlo. En el fondo no es culpa suya, son las víctimas. Yo soy el que ha causado la hecatombe. Y lo que nos queda.

El otro día les saqué el Imperio Cobra, de Cefa. Un clásico entre los clásicos. Creo de los primeros sino el primero de los juegos de mesa (salvando ajedrez, parchís, ocas y etcéteras varias) a los que jugué en mi infancia. Así que lo consideré apropiado como juego de mesa "mas serio" para jugar con ellos. De momento pude jugar con las dos calabacillas mayores, una princesita de 5 años y un guerrero muy bruto pero de buen corazón de 3 años. Así que ala, al turrón, que hay que robarle el amuleto a la malvada esfinge de la Isla Cobra.


Las reglas fueron convenientemente modificadas para hacerlas (aun más) asequibles. Si habéis jugado a este juego de adultos, en un acto de nostalgia, ahora os estaréis riendo como posesos. El juego es simple, pero simple-simple. Aun así, los hombres cobra no actuaron hasta que no pisamos su isla, no se perdían las armas por usarlas y los chicos se podían pasar las armas si estaban juntos en casillas adyacentes. Ver la cara del pequeño cuando salía la carta del Dragón Blanco era un poema.


Al final, tuve que modificar una tirada de dado para no ser yo el que robara la joya y pudiese hacerlo mi hijo, con lo que la mayor se quejó de que ella también quería. Pobre cobra, sobre su cadáver y encima con discusiones familiares. Pero pudimos jugar, que no es poco, y nos lo pasamos muy bien.

Y de postre, el mismo día, cuando pude dejar a la tropa, salí corriendo con lo que pude a casa del Sr. J, porque teníamos partida de exhibición al X-Wing para el Sr. A. (por cierto, el propietario original de mi copia del Imperio Cobra, que me lo regaló hace años, perfecto e impoluto, creo que sin haberlo jugado desde que se lo regalaron en su infancia; desde luego el que es un eurogamer lo es desde sus mas tiernos inicios...).


Volvimos a hacer la partida introductoria simplificada, con dos TIE Fighters contra un X-Wing. Creo que ha sido la cuarta vez que juego esa partida, las dos primeras con J. (en ambos casos victoria rebelde, una vez cada uno) y la anterior con la Sra. Lantern, la única persona de la que tengo constancia que consiguió ganar con los TIE Fighters imperiales... hasta anoche.


Estrenando el nuevo (y precioso) tapete de juego y con la banda sonora de Rogue One (reseña pendiente, lo se) el piloto del Escuadrón Obsidiana consiguió situarse a la cola del X-Wing e irlo desgastando, aprovechando que este perseguía al muy novato Piloto de la Academia, que se pasó media partida volando con una nave con un solo punto de casco.

¡Eh! ¿qué haces siguiendo a mi hermana?
Partida curiosa, no suele ser habitual que gane el imperio con esa configuración, pero muy divertida. Y de nuevo este año, más de una partida el mismo día. Creo que hay esperanzas, después de un largo tiempo de sequía, la afición vuelve con fuerza. ¡Que bien!

Frena, frena... ¡acelera, acelera!

Venga, ahí va uno de esos posts raros que hago yo a veces. Bueno, más raro de lo normal, de acuerdo.

Si seguís este blog es posible que os hayáis fijado en que últimamente escribo algo más. Tampoco es que sea una locura de actividad, pero en comparación con lo que había de otros años, me refiero. Y es que el caso es que me he tenido que dar cuenta por las malas que no estaba gestionando bien mi vida y he tenido que frenar. 




Hace un par de años que volví a estudiar. Esta vez a distancia y cambiando las ciencias por las letras. Una intriga que me había quedado desde que acabé el instituto. Me matriculé a un grado de Estudios Ingleses y de momento no puedo quejarme de como me ha ido a nivel de resultados, pero no me había dado cuenta del desgaste que me estaba causando. Con tres niños pequeños me sobraba muy poco tiempo, y aprovechaba para estudiar por las noches después de tener a la tropa durmiendo y la casa mínimamente recogida, por lo que la mitad de los días me despertaba dormido sobre los libros a horas intempestivas. Siempre he intentado que la vida familiar se resintiese lo menos posible, lo que costaba más en periodos de exámenes cuando aprovechaba todo rato que me dejaban para estudiar e incluso pedía días de vacaciones para el último acelerón. Aquí el apoyo de la Sra. Lantern ha sido impagable.

Amigos y conocidos suelen comentarme que no saben cómo me las arreglo para estudiar una carrera con una familia numerosa, trabajando a jornada completa e incluso haciendo algo de horas extra cuando se puede. Tampoco yo lo tengo muy claro, pero cuando hasta tu tutor de la carrera (de tu edad y sin hijos) llega a decirte que eres su héroe, la moral se te pone por las nubes y te sientes capaz de todo. Y no es así, ni mucho menos.

Este año, al acabar el primer cuatrimestre y volver de los exámenes al trabajo, mi compañera de la mesa de al lado, me soltó que parecía que me habían pegado una paliza por cómo había vuelto. Y la verdad es que si que me sentía de esa forma. Había hecho un intensivo brutal para ponerme al día, porque este año con la tercera calabacilla el tema del tiempo libre se ha vuelto crítico y cada vez era más difícil ponerse al tema en condiciones, con el añadido de sentirse culpable porque a pocos días de los exámenes no estás con los niños como te apetecería. Para colmo, me acaban de diagnosticar una cosa muy divertida que se llama "Codo de borracho" (entiendo que por lo de caer grogui encima de la mesa) que me ha dejado dos dedos de una mano dormidos, por un pinzamiento del nervio cubital a la altura del codo. Que si, que vale, no es nada grave y (se supone) que con el tiempo todo volverá a su sitio, pero el caso es que es otra señal más. Si ya me voy a lesionar sólo por la frecuencia con la que me voy cayendo dormido sobre los apuntes, algo no va bien.

Servidor, estudiando
Así que a pocas semanas de los exámenes del segundo cuatrimestre clavé los frenos. Suspendí una asignatura y otra la dejé para septiembre (eh, la tercera fue un excelente), pero me quedé tan ancho. He decidido poner orden y lógica a mi vida. No dejo la carrera, más que nada porque ya que la he comenzado ahora no voy a dar por perdido todo el esfuerzo hecho, pero reduciré mucho el tiempo que le dedico. Si después la acabo en doce años en vez de en ocho, pues sea. No voy a dejar de jugar con mis hijos en febrero o junio porque tenga exámenes ni voy a abandonar ese poco tiempo que me queda de ocio, que me regenera la mente y los malos humores por hacer un par de asignaturas más. Nada, nada. No lo necesito para comer (por suerte), por lo que bajo el ritmo y continuo con mi vida. Así que me veréis algo más por aquí y se supone que de mejor humor. Más ludus y menos fugit. Ya era hora, coño...

domingo, 2 de julio de 2017

It Follows (2014)

Hoy toca reseña de otra película de mi genero preferido, el de "no tenia ni puta idea de que iba esto y mira que joyita me he encontrado". Empezamos a tener unos años y unas cuantas películas a nuestras espaldas. Algunas extraordinarias, bastantes buenas y una gran abundancia de mediocres. Muchas de éstas últimas, simplemente por repetir sin gracia fórmulas ya gastadas, una y otra vez. El género de terror es especialmente vulnerable a este defecto.


En estas circunstancias, encontrar una peli que se aleje de estos "patrones" es un gran logro. Y "It Follows" lo es. Es suficientemente diferente a todo, y parte de su gracia es que cuando comienza la película no tienes ni idea de lo que está pasando, solo que es grave y que acojona. Evidentemente, no puedo desvelar el motivo, pero vale la pena pasar esos primeros minutos sufriendo por la incertidumbre. Al fin y al cabo, el cine de terror de basa en "controlar" sensaciones de horror para después apagar la tele y abandonarlas... con mejor o peor resultado. Si una película de terror pudiese suceder el la vida real (me viene a la cabeza, "Demons", que se basa en esa premisa) difícilmente sabríamos desde el minuto cero quien nos persigue, su origen, sus poderes y su talón de aquiles.

El monstruo de "It Follows" (mas allá de lo que indica el título) es diferente, extraño y sobretodo, metódico. Sabes que sigue ahí, que sigue actuando como siempre y no va a desaparecer. Es como la muerte en la fábula árabe de la cita en Samarra. Llegará tu hora, tarde o temprano.

Aparte de la sorpresa del argumento, la película es bastante buena, pero no es un peliculón. Tampoco lo necesita, ni creo que lo pretendiese. Soportaría muy mal una secuela, por ejemplo. Ya está dicho todo lo que había que decir y es ese mensaje que transmite (y cómo lo hace, esa falta de música de fondo en momentos clave, esa fotografía oscura en ambientes urbanos degradados, largos planos mantenidos, casi planos secuencia, donde ves a la gente ir y venir...) lo que le aporta el significado a la película...


...según algunos. Porque existen segundas lecturas muy interesantes sobre la criatura, y que podría no ser tan sobrenatural como parece, sino una manifestación mental de los traumas de la protagonista (¿porqué esa forma final, una criatura que cuando mata, lo hace de esa forma? ¿porqué apenas aparecen adultos, y su interacción es mínima?). Si este fuera el caso, y creo que es plausible, la película se vuelve mucho más terrorífica y desagradable.

Muy buena película, recomendada. Para verla con la mente abierta y luego añadirla a la misma estantería que "Cabin in the Woods" o "Donnie Darko". De esta, hablaremos otro día.

Felices pesadillas.